Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana. Lo esencial. Nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable.

Discípulos libres y fieles para amar y servir

1Reyes 19,16.19-21; Salmo 15; Gálatas 5,1.13-18; Lucas 9,51-62

Reflexiones
Jesús se encamina con paso firme hacia Jerusalén. Antes de relatar esta decisión, Lucas escribe un preámbulo importante (Evangelio): para Jesús se iba cumpliendo el tiempo de su Pascua de muerte y resurrección y Él “tomó la decisión de ir a Jerusalén” (v. 51; cf Jn 13,1). Para indicar una decisión firme, en el lenguaje bíblico se diría: Jesús ‘endureció el rostro’ (cfr Is 50,7); hoy nosotros diríamos: ‘apretó los dientes’ y emprendió ese viaje decisivo. En el trayecto de este gran viaje, Lucas condensa 10 intensos capítulos de enseñanzas, milagros, parábolas de Jesús. Toda la vida de Jesús se presenta como un viaje: un viaje desde el Padre al mundo, un viaje por las rutas de Palestina, caminando con la humanidad y con la Iglesia, hasta el retorno al Padre.

Igualmente, la vida del discípulo se presenta como un camino siguiendo los pasos de Cristo. Creer significa caminar con Él, recorrer con Él la misma ruta. En el libro de los Hechos, Lucas llama “camino” (Hechos 9,2; 19,9; 19,23; 24,22) a todo el movimiento inaugurado por Jesús. En este camino, es decir, en el seguimiento de Cristo, los discípulos van a encontrar obstáculos, impedimentos, caídas, derrotas... Lo mismo que le ocurrió a Jesús. Nada más emprender la ida hacia Jerusalén, enseguida los samaritanos le impiden el paso. Pero Jesús no los condena, busca otra ruta y enseña a los discípulos Santiago y Juan a no vengarse con amenazas de fuego (v. 54-56). El único fuego que Jesús ha venido a traer (Lc 12,49) y que la tierra necesita es el Espíritu Santo, el único capaz de transformar el corazón de las personas.

Jesús emprende su camino imparable. Y “mientras iban de camino” (v. 57) - es el camino de Jesús y el de sus discípulos - Lucas coloca emblemáticamente tres casos de vocaciones, con las correspondientes respuestas de Jesús, todas proverbiales y radicales. En los tres casos aparece el verbo ‘seguir’ (v. 57.59.61), como para indicar el movimiento permanente del discípulo que sigue los pasos del Maestro. En el primer caso, Jesús frena al espontáneo, invitándolo a discernir sobre las consecuencias del seguimiento (v. 57-58). En el segundo, Jesús estimula al tradicionalista para que vaya más allá de las costumbres de siempre (v. 59-60). En el tercero, Jesús exhorta al perezoso a asumir la urgencia prioritaria del Reino que ha de anunciar y servir (v. 61-62). En este contexto vocacional, la liturgia de hoy presenta también la invitación al nuevo profeta Eliseo, llamado a suceder a Elías (I lectura).

Son exigencias que corresponden a todo cristiano, llamado a seguir los pasos de Cristo. Con atención particular para las vocaciones de especial consagración. (*) Sin embargo, más que de exigencias, hay que hablar de ‘tres dones de libertad’, que el Señor hace a los que Él llama y que deciden seguirle. En efecto, Jesús libera de las esclavitudes que radican en las cosas (algunas pueden incluso faltar), en los afectos (el anuncio del Reino vale más que los lazos familiares), en el propio pasado (la novedad del Reino es prioritaria). La fidelidad al llamado de Cristo nos hace libres para amar y servir mejor a los hermanos (oración colecta). Tal es el gozo pleno para el que sigue al Señor “en el sendero de la vida” (salmo responsorial). Es el gozo de quien experimenta la libertad de Cristo (II lectura).

Recuerdo en este contexto el comentario de un amigo periodista romano (ya fallecido): “Hoy, igual que hace dos mil años, Cristo pide a millones de personas que lo sigan con una decisión radical. Esta llamada viene de un personaje histórico preciso: Jesús de Nazaret. Su voz, descodificada de mil maneras, tiene siempre el mismo imperativo: ‘Sígueme’. Obviamente, esto no es asunto solo de monjes, religiosas, curas o contemplativos. Hay para cada uno una vocación al seguimiento, al discipulado de Jesús: soltero, casado, intelectual, comerciante, actriz...” Cada uno está llamado a llevar por doquier el Evangelio, con libertad, fidelidad y gozo. ¡Hasta la última llamada del Señor!

Palabra del Papa

(*) «Si partimos de la convicción de que el Espíritu sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, podemos “volver a echar las redes” en nombre del Señor, con toda confianza. Podemos atrevernos, y debemos hacerlo, a decirle a cada joven que se pregunte por la posibilidad de seguir este camino… El Señor no deja de cuidar a su Iglesia amada. En el discernimiento de una vocación no hay que descartar la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en otras formas de consagración. ¿Por qué excluirlo? Ten la certeza de que, si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno».
Papa Francisco
Exhortación apostólica Cristo vive, 2019, n. 274-276

P. Romeo Ballan, MCCJ

SIN INSTALARSE NI MIRAR ATRÁS
Lucas 9,51-62
José A. Pagola

Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana. Lo esencial. Nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable.

Jesús emplea imágenes duras y escandalosas. Se ve que quiere sacudir las conciencias. No busca más seguidores, sino seguidores más comprometidos, que le sigan sin reservas, renunciando a falsas seguridades y asumiendo las rupturas necesarias. Sus palabras plantean en el fondo una sola cuestión: ¿qué relación queremos establecer con él quienes nos decimos seguidores suyos?

Primera escena. Uno de los que le acompañan se siente tan atraído por Jesús que, antes de que lo llame, él mismo toma la iniciativa: «Te seguiré adonde vayas». Jesús le hace tomar conciencia de lo que está diciendo: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros nido», pero él «no tiene dónde reclinar su cabeza».

Seguir a Jesús es toda una aventura. Él no ofrece a los suyos seguridad o bienestar. No ayuda a ganar dinero o adquirir poder. Seguir a Jesús es “vivir de camino”, sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Una Iglesia menos poderosa y más vulnerable no es una desgracia. Es lo mejor que nos puede suceder para purificar nuestra fe y confiar más en Jesús.

Segunda escena. Otro está dispuesto a seguirle, pero le pide cumplir primero con la obligación sagrada de «enterrar a su padre». A ningún judío puede extrañar, pues se trata de una de las obligaciones religiosas más importantes. La respuesta de Jesús es desconcertante: «Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú vete a anunciar el reino de Dios».

Abrir caminos al reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente. Nada ha de retrasar nuestra decisión. Nadie nos ha de retener o frenar. Los “muertos”, que no viven al servicio del reino de la vida, ya se dedicarán a otras obligaciones religiosas menos apremiantes que el reino de Dios y su justicia.

Tercera escena. A un tercero que quiere despedir a su familia antes de seguirlo, Jesús le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». No es posible seguir a Jesús mirando hacia atrás. No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide dedicación total, confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

Ir contra corriente

Un comentario a Lc 9, 51-62

El evangelio de Lucas llega a un punto culminante de su narración sobre la vida de Jesús. Este, después de predicar por aldeas, campos y ciudades de Galilea, decide dirigirse a Jerusalén, el centro de la religión judía, donde está el Templo controlado por sacerdotes, fariseos y saduceos. Jesús va allá para proponer un cambio radical, que supere la hipocresía, la manipulación religiosa y el lucro indebido, creyendo verdaderamente en Dios como Padre misericordioso, que mira con amor a los pobres y pecadores. Cuando decide ir allá, Jesús intuye que cumplir la misión que se le ha encomendado no será fácil; le exigirá decisión, perseverancia, capacidad de sufrimiento y confianza.

En ese camino, cuesta arriba, como quien entra en “territorio adverso”, Jesús encuentra personas que se le oponen y algunos que le quieren seguir. Jesús no les engaña con palabras bonitas pero falsas; les avisa que, para seguirle, cuesta arriba, hasta Jerusalén, hay que ir contra corriente. En esta página que leemos hoy encontramos cuatro tipos de falsos candidatos a discípulos. Veamos:

1. Los fanáticos violentos. El evangelista los nombra. Son Santiago y Juan. Ellos representan a algunos miembros de las primeras comunidades que piensan que a los malos hay que eliminarlos, hacer “bajar fuego del cielo” contra ellos. Lucas dice simplemente que Jesús “se volvió hacia ellos y los reprendió”. En la comunidad de los verdaderos discípulos no cabe el fanatismo ni las posiciones violentas. Recuerden la parábola del trigo y la cizaña: no se puede arrancar la cizaña sin dañar el trigo, hay que esperar al tiempo de la cosecha para separarlos. Algunos quisieran un mundo perfecto, una Iglesia totalmente santa, una comunidad sin mancha… Eso es una ensoñación. Jesús invita a sembrar el bien, pero sin esa impaciencia que puede destruir el bien junto con el mal.

2. Los acomodados. Hay algunos que quieren seguir a Jesús, que tienen buenos sentimientos, pero cuando hay que hacer algún sacrificio, se echan atrás. Como dice el proverbio, “el que algo quiere, algo le cuesta”. Seguir a Jesús implica a veces sacrificar algo de tiempo, renunciar a alguna comodidad, perder algo de dinero… Si prefieres seguir sentado en tu sofá, sin molestarte mucho, entonces no puedes ser discípulo.

3. Los apegados a las tradiciones. En el evangelio se dice que uno quería seguirle, pero quería primero “enterrar a su padre”.  Jesús le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Evidentemente Jesús no está contra la piedad para con el propio padre; al contrario, en otro lugar, critica a quienes descuidan a sus padres con la excusa de servir al templo. Lo que Jesús dice es que, para seguirle, hay que ser libre de ataduras indebidas. Alguno, por ejemplo, no va a Misa porque a esa hora tiene el partido del fútbol o quiere ir al gimnasio, o va de bares con sus amigos… Oye, “deja a los muertos que entierren a sus muertos”. Sé libre para seguir a Jesús.

4.- Los inconstantes y nostálgicos.  Estos son los que, como la mujer de Lot, miran al pasado más que al presente y al futuro. “Empuñan el arado”, es decir, se animan a trabajar por el Reino, pero se cansan, echan de menos “las cebollas de Egipto”, como los judíos en el desierto.  Jesús dice que estos “no sirven para el Reino de Dios”. Se requiere constancia, perseverancia, capacidad de mirar al futuro más que al pasado.

Hoy podemos preguntarnos si nosotros caemos en alguna de estas categorías o si estamos dispuestos a seguir a Jesús, sin condiciones, incluso cuando eso implica algún sacrificio, cuando nos exige liberarnos de alguna atadura indebida o cuando implica caminar cuesta arriba y contra corriente. ¿Quién se apunta? Si dices sí, ya somos dos. Vamos a ello con confianza y generosidad.
P. Antonio Villarino
Bogotá