Religiosas rescatan a niños desplazados de Cabo Delgado, en Mozambique

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Sábado, 26 de diciembre 2020
En el norte de Mozambique, en la región de Cabo Delgado, se suceden los ataques a pueblos y misiones católicas desde hace tres años. En los últimos meses la violencia ha aumentado, provocando la huida de unas 500.000 personas que han abandonado sus hogares buscando refugio en Pemba y otras ciudades.

Religiosas que han tenido que abandonar su misión
en Mozambique por ataques yihadistas,
rescatan a niños desplazados

Hermana Nubia Zapata, religiosa de las Carmelitas Teresas de San José, en Mozambique.

Desde la diócesis de Pemba, la hermana Nubia Zapata, religiosa de las Carmelitas Teresas de San José, cuenta cómo la Iglesia católica está atendiendo a los que han huido y que necesitan de todo para poder sobrevivir. Ella misma y su congregación, junto con otros misioneros, religiosos y sacerdotes, han tenido que abandonar su misión debido a los ataques de supuestos terroristas afiliados al Estado Islámico. Pero no han abandonado a los suyos. Lo cuenta en una entrevista para el programa «Perseguidos pero no olvidados» de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Radio María España.

¿Qué tal estás?¿Cómo se encuentran todas las hermanas de vuestra congregación?

Nos encontramos bien, gracias a Dios. Pero hemos tenido que abandonar nuestra misión en Macomia, donde atendíamos una escuela, un hogar para estudiantes y una guardería. Estamos ahora en otra misión de la diócesis de Pemba, aquí hemos sido acogidas por otra congregación religiosa y estamos con mucho trabajo, tratando de ayudar en todo lo que podemos.

Las últimas noticias que nos han llegado es de una misión destruida, la segunda más antigua de la diócesis de Pemba. Y otra información, en este caso de alegría, es que un grupo de trabajadores de una radio católica local han conseguido escapar sanos y salvos, ¿Cuál es la situación en estos momentos?

Así es, esta misión estaba en Nangololo, es una parte histórica de la diócesis que ha quedado reducida a cenizas. También es una alegría saber que estos periodistas católicos están sanos y salvos. La actualidad es que siguen llegando personas que huyen, ya son 500.000 desplazados en los últimos meses. Los combates continúan. No sabemos la suerte que han corrido las personas que no han podido salir de las zonas de los ataques.

¿Qué importancia tiene esta región para que se estén produciendo estos ataques ahora?

No es fácil responder a esto. Hay que aclarar que durante dos años de este conflicto nadie reivindicaba los ataques. Ahora no lo tenemos muy claro pero desde comienzos del 2020 se habla de un grupo llamado Estado Islámico del África Central, que se atribuye la autoría de estos ataques. Sin embargo, no se sabe cuáles son sus verdaderas intenciones. Algunos analistas dicen que el objetivo puede ser establecer un califato en el norte de Mozambique, pero otros apuntan a un objetivo de carácter económico, para intentar controlar la región de Cabo Delgado. En la última década aquí se han hecho importantes descubrimientos de recursos naturales, algunos ya están siendo explotados, como por ejemplo el gas natural por parte de la multinacional francesa Total. Hay minas de rubíes y otras piedras preciosas, cobalto, grafito, carbón, etc. Todo esto ha hecho que Mozambique sea mirado con ambición cuando antes era uno de los países más pobres y olvidados del mundo.

¿Qué necesidades tienen las personas que huyen y que están llegando a Pemba?

Hay dos tipos de personas desplazadas. En primer lugar están los que tienen que huir en el momento justo del ataque a su aldea. Salen con lo puesto, huyen a través del bosque, caminan días enteros pasando sed y hambre hasta llegar a un lugar seguro. Estas personas lo han perdido todo, y lo más triste es que han perdido a familiares y amigos: padres, hijos, nietos o abuelos. Necesitan de todo: alimentos, ropa, medicinas, alojamiento, etc. Necesitan todo apoyo material y espiritual. Otro grupo son los que salen por la amenaza inminente, por el miedo a ser atacados. Estos consiguen llevarse alguna cosa, también necesitan ayuda pero son cosas más puntuales.

¿Qué labor está haciendo la Iglesia y su congregación con estas personas?

La Diócesis de Pemba y las diócesis vecinas a las que también han llegado ya desplazados, están volcadas tratando de apoyar y liderar acciones humanitarias para este pueblo indefenso. Al frente está nuestro obispo Don Luis Fernando Lisboa que es una voz incansable para dar a conocer dentro y fuera lo que está pasando. Estamos todos unidos para dar un apoyo efectivo con lo que tenemos. Socorremos a las personas en alimentación, ropa y para que tengan un refugio seguro. También damos apoyo psicológico, en pequeños grupos, en visitas a familias, y si tenemos que llevarlos al hospital o necesitan algún apoyo específico les ayudamos a resolverlo.

Las Carmelitas Teresas de San José nos integramos en la acción pastoral de toda la diócesis y en este sentido intentamos localizar a nuestros alumnos de la escuela, del hogar y del parvulario pues todos quedaron dispersos tras los ataques. Ayudamos a quienes lo necesitan a salir de las zonas de conflicto, porque no tienen recursos económicos. Así que les rescatamos de las zonas de mayor peligro y tratamos de reubicar a nuestros alumnos en otros centros educativos fuera de la región. También estamos ayudando a sus familias a tener un sustento con el que vivir. Estamos pensando impulsar algún proyecto de microcrétidos.

¿Cómo valora la ayuda recibida por Ayuda a la Iglesia que Sufre?

Apreciamos mucho esta ayuda para bienes de primera necesidad y ayuda psicológica. Es un apoyo fundamental, que nos sirve para paliar un poco la situación, porque estamos hablando de 500.000 desplazados, son miles de personas que están llegando cada semana. Sin las ayudas de fuera no podríamos continuar y las ayudas que se canalizan a través de la Iglesia son ayudas que realmente llegan donde tienen que llegar.

¿Os imaginabais que esta situación se pudiese dar en Mozambique donde siempre ha habido una buena convivencia entre religiones?

Nunca. Llevamos 16 años aquí y siempre hemos tenido una convivencia pacífica y sin problemas entre religiones. En nuestras escuelas tenemos muchos alumnos musulmanes, también tenemos alumnos de religiones tradicionales y nunca ha habido problemas. Personalmente creo que el origen de este conflicto no es religioso.

¿Qué les dices a las personas que huyen de la violencia y al resto de la población para darles esperanza?

Tratamos de animarles con un mensaje de fe y confianza, les decimos que Dios no nos ha abandonado y no nos abandonará nunca, aunque no entendamos lo que nos está pasando. Y también les transmitimos un mensaje de solidaridad, les decimos que tenemos que ayudarnos porque todos somos hermanos, y es entre todos como construimos la fraternidad y la amistad social de la que tanto nos habla el Papa Francisco en la última encíclica Fratelli Tutti. A nivel personal siento necesidad de decir al mundo que no hay derecho a que se sigan presentando estas atrocidades. Tenemos que proteger y dignificar la vida de todo ser humano, pero de manera especial de los seres más vulnerables. Tenemos que denunciar las injusticias de unas políticas económicas mal implementadas e impregnadas de corrupción. Tenemos que ayudar a liberar a estos pueblos, mal llamados subdesarrollados, de la eterna dependencia de las economías externas.
[Ayuda a la Iglesia que Sufre - ACN-Chile]